... Laura la amiga, la compañera, la fiel lectora de sus pensamientos.
Yo le hablaba de "tú", sin formalismos, con voz adulzada y paciencia recién estrenada.
Nos conocimos en la oscuridad de una noche solitaria. Él fumaba cigarrillos rubios y se recreaba con el humo a contraluz con la noche. Me atrajeron sus manos, sus ironias y sus risotadas que actuaban con puro magnetismo haciéndose imitar por las mias. Nos abrazamos y nos quisimos en silencio.
Un día me dijo que quería saltar, saltar al vacío, dirección estrella polar. Yo le ayudé a hacerlo. Y saltó. Saltó hasta llegar al mar... Inició una travesía dejando atrás todo lo que le ataba, y en la libertad sólo tuvo pensamientos para mí...y para ella. Y al volver quiso verme, y nos vimos. Nos miramos tan adentro que me entró miedo. Mis ojos estrenaban mirada, y quise salir corriendo. Pero me quedé quieta, respetando distancias. Y él... un dia desapareció sin decir más, como si una ola se lo hubiera tragado para no volver jamás...
A él, que me conocía como nadie, le gustaba llamarme Laura.
